domingo, 4 de junio de 2017

Desencuentros:

La otra Cara de la desgracia.

El hombre apareció una seca noche de polvo en la que el viento se colaba por las rendijas de las ventanas y de las puertas.
Primero la mujer dijo      maldito seas. Después no dijo nada.
Al día siguiente      entrando en la habitación de él      la mujer volvió a decir      maldito seas        dando un portazo.
Después       tal vez      el hombre      girándose había dicho      esto no es un juego      y tal vez la mujer no estuviera intentando jugar.
Ella había dicho          te escondes detrás de lo que nunca fuiste. Después callaron.
Sus voces del otro lado de la puerta se oían discontinuas      no quiero volver a verte      viejo de mierda      dímelo a la cara      puta      tal vez.
Después la mujer salió llorando de la habitación y después      tal vez      el hombre se echase sobre la cama. Hacía calor.
Tal vez el hombre estuviera tumbado durante horas. No lo volví a ver en todo el día. Después me fui del hotel a la playa. Antes había visto a la mujer subirse en un coche azul cielo      tal vez como el azul cielo de la tarde de hoy. Más tarde por la noche vi al hombre en el salón jugando a las cartas           fumando           bebiendo           observando           sudando           tal vez.
Me gustaba observarlo desde detrás del mostrador del bar con los ojos pegados a la barra            su silencio           su paciencia en el juego             su forma desinteresada de perder           su distancia               su barbilla fina           sus ojos negros que tal vez no miraban           escrutaban           su pecho subiendo y bajando              el humo que exhalaba.
Por la mañana me gustaba verlo andar por la orilla mirando a la arena y dejando que las olas le mojasen los pies. Tal vez a veces mirara el horizonte           tal vez quisiera borrarlo como a mí me gusta borrar las manchas de vaho de un cristal. Tal vez quisiera conservarlo en su memoria como la mujer le había dicho que él guardaba los actos no realizados           las palabras nunca pronunciadas                 los gestos disimulados. Tal vez a mí me gustara mirarlo desde el balcón del hotel           tal vez a él le gustara que lo mirase. Tal vez debí decirle...

Estaba anocheciendo. El sol se ponía a su espalda cuando estaba acodado sobre la baranda de la terraza que da al mar. Su sombra larga caía sobre el leve acantilado y su cabeza llegaba hasta el borde del camino de abajo por donde tal vez          yo pedaleara         tal vez buscándolo para decirle                   para hablarle.
La mujer me había dicho que no le hablase          que no le dijese          que no fuera como él                     que lo olvidase. Tal vez ella se equivocara o tal vez           me equivocara yo porque no entendiera lo que ella intentara decirme. Fue antes de marcharse en el cielo azul.
La bicicleta chirriaba          y yo           tal vez          me imaginara que hablaba y que decía todo aquello que mi madre me había dicho que yo no debía decirle y tal vez            yo me imaginara también que el viento le hacía llegar a sus oídos un mensaje cifrado que sólo yo y             tal vez él                   podíamos entender.
La mujer tampoco me había dicho nada cuando salió de la habitación              solo me miró                  pero no dijo nada entonces             me lo había dicho antes               tal vez años antes           ni hables con él me había dicho.
Había detenido la rueda delantera de la bicicleta justo junto al lado de la sombra de su cabeza. Yo miraba la sombra y             tal vez él me miraba mirar la sombra. Entonces le hablé              no a él              a la sombra de él            por primera y única vez            no por él          no por la mujer            tal vez por mí. Dije ¿padre? Pero la sombra no me oyó              tal vez            al menos no se movió. Yo me giré y miré hacia el rostro del hombre. Él se giró también y se introdujo en la sombra de su habitación. Tal vez por eso al día siguiente ya no estaba             tal vez se fue porque no me oyó                   o tal vez              porque no quiso oírme.

domingo, 20 de marzo de 2016

Libro de citas: Gustavo Bueno: "El mito de la cultura".

¿Por qué nos seguimos empeñando en desoír las palabras del Sr. Bueno?

Gustavo Bueno: El mito de la cultura. Ensayo de una filosofía materialista de la cultura. Editorial Prensa Ibérica, S. A.; Barcelona, 1996. Séptima edición, 2004; págs. 26 y ss.:

“Ahora bien, la conexión entre el espiritualismo de la cultura y la consideración de la cultura como fuente de los valores más genuinos, nos lleva a redefinir el materialismo de la cultura, en el terreno de los valores prácticos, como algo más que una “teoría especulativa de la cultura”. Nos lleva a redefinirlo como una práctica orientada a la crítica de la cultura como fuente de valor y de los valores culturales particulares como tales. La cultura, no es fuente de todos los valores. Por ejemplo, los “valores de verdad” de las ciencias matemáticas o físico-naturales no derivan de la cultura, si mantenemos nuestra tesis sobre la relación entre las ciencias y la cultura.
”Desde una perspectiva materialista no puede aceptarse, desde luego, que la cultura constituya al hombre en el “fin de la Naturaleza”, para decirlo con palabras kantianas, ni que, por tanto, haya que enjuiciar sistemáticamente los contenidos culturales más sublimes, como aproximaciones a este fin supremo. Por lo demás, negar cualquier tipo de significado a la Idea de Hombre como fin supremo del Mundo -del Universo, de la Naturaleza- no implica la necesidad de afirmar que el hombre tenga que reconocer como algún “fin supremo” por encima de él al que él debiera subordinarse o rendir su soberanía en nombre de un relativismo ecologista, por ejemplo, de las diversas especies animales. El hombre no será el término de la creación, la “obra del séptimo día”, pero tampoco tiene por qué aceptar reconocerse (y ello sin necesidad de apelar a un “principio antrópico fuerte”, en el sentido de Brandon Carter) como una especie más entre los millones de especies zoomorfas, fitomorfas o fungimorfas que existen. Y esto, no tanto por motivos especulativos, sino por el motivo práctico de que los hombres (al menos muchos grupos organizados de hombres) no tienen por qué aceptar ser reducidos a la condición de servidores de alguna especie viviente, linneana o no linneana, que pudiera reivindicar la soberanía universal.
”Pero desde el mismo momento en el que el materialismo prescinde de la identificación de la cultura con la fuente de los valores supremos -desde el momento en que reconoce que la cultura humana es una fuente de contravalores repugnantes, tan caudalosa como pueda serlo como fuente de valores- el materialismo habrá de asumir frente a la cultura la perspectiva de “devaluación metódica” (como contenido principal de la llamada “crítica de la cultura” o “contracultura”). “Devaluación” con respecto a la perspectiva de la “revalorización” de todo contenido cultural, por el hecho de serlo, aun cuando se le considere como grado inferior dentro de la escala que conduce al fin supremo del Género humano.
”En consecuencia, uno de los procedimientos más obvios a los que habrá que acudir en el momento de practicar esa devaluación metodológica de la cultura que consideramos inherente al materialismo (una devaluación que es, por otra parte, sólo relativa y dialéctica, frente a quienes practican el método de la “revaluación sistemática”) es el de su “reducción a la Etología”, cuando ella sea posible. Porque ahora, en lugar de interpretar una obra cultural a la luz de un metafísico fin superior de la Humanidad (de interpretar un concierto Gospel como expresión de la “espiritualidad” de los esclavos negros americanos), comenzamos por intentar interpretarlo como una “pulsación” más de ciertos mecanismos actuantes ya en los primates, que poco tienen que ver con la cultura espiritual; un concierto de rock duro no tiene acaso más valor (ni tampoco menos) que la “danza de la lluvia” de los chimpancés que estudió Goodall hace 40 años. Y en la “Alta cultura” -como forma particular de “cultura circunscrita”- el materialismo comenzará viendo, ante todo, no ya la expresión de los valores supremos del Género humano (los valores del espíritu absoluto de Hegel: Arte, Religión, Sabiduría...), sino la ideología de determinadas élites, muchas veces clericales, pero también laicas, interesadas en el monopolio de ese Espíritu absoluto para acreditar con él su superioridad con respecto a las capas de la sociedad que “no pueden alcanzar esas cumbres del Espíritu humano”.
”La “devaluación metódica” de la cultura, propiciada por la perspectiva materialista, implicará, en muchas ocasiones, la transformación de la admiración, ante determinadas obras culturales, por el desprecio; o, si se quiere, la transformación de la admiración devota, en una admiración puramente intelectual. Es en este sentido en el que citamos a Epicuro en el Final de El mito de la cultura: “Huye, a velas desplegadas, de toda forma de cultura, en cuanto fuente de los valores supremos”.
”En ningún caso, la devaluación metodológica de las instituciones culturales podrá hacerse equivalente a la negación del reconocimiento del funcionalismo social e ideológico que las instituciones devaluadas puedan eventualmente implicar; ni siquiera del reconocimiento prudencial de los servicios prestados que tales instituciones puedan tener, hasta el punto de merecer nuestro apoyo coyuntural.
”¿Y hasta dónde habrá que seguir aplicando esa “devaluación metodológica” de la cultura (devaluación que lleva aparejado también el compromiso de explicación de su funcionalismo)? Hasta que nos encontremos con determinadas instituciones o contenidos culturales que resistan la “operación de devaluación metódica” de la que venimos hablando. Y no me parece oportuno, ni necesario, en este prólogo añadir nada más sobre el particular.”
Gustavo Bueno

29 de febrero de 2004

domingo, 7 de febrero de 2016

Del "Cuaderno de ironías sospechosas" de Amalia Gómez Gutiérrez:

Entonces la ciudad se apelmazaba compacta en torno a la torre de una aburrida iglesia que, como un pezón enhiesto, destacaba en medio de la llanura; hoy las ciudades se desparraman y se desangran por sus arrabales, y los niños, heroicos o soñadores, contemplan el horizonte como un avenir tentador e incierto que los condena a la soledad.

Concomitancias:

La discreción y el silencio siempre esconden un drama.

Concomitancias:

Añoro la edad en que todos los sucesos eran exuberantes...

Del "Cuaderno de notas" de Amalia Gómez Gutiérrez:

Como dos enamorados, el nacer y el morir avanzan cogidos de la mano.

sábado, 24 de enero de 2015

Del "Cuaderno de ironías sospechosas" de Amalia Gómez Gutiérrez:


De los inconvenientes de volver demasiado joven:

Solveig, la esperanzada, había conservado entre sus propios recuerdos un trozo del alma de Peer, el viajero o el buscador o el fugitivo. Después del reencuentro inesperado, después de verificar su olor y su mirada, Peer pudo recuperar ese trozo con el que poder comenzar a recomponer su roto ser. Y Solveig se alegró por él -y por ella misma, quien tanto le debía también a él-.

¡Afortunada Solveig! Cuando yo en cambio me reencontré contigo, después de veinticinco años de ausencias y temores, viejo Peer, tú aún no habías viajado lo suficiente.

jueves, 15 de enero de 2015

Concomitancias:


Toda luz oculta su sombra.

lunes, 12 de enero de 2015

domingo, 11 de enero de 2015

Concomitancias:

En la farsa nunca se permitió el sufrimiento; en el palacio de la razón, tampoco.

domingo, 4 de enero de 2015

jueves, 1 de enero de 2015

Concomitancias:

Quien a sí mismo se enfrenta, ante un extraño se encuentra.

martes, 30 de diciembre de 2014

Concomitancias:

Nada cae del cielo, todo brota de la tierra.

sábado, 15 de junio de 2013

Libro de citas: Oscar Vladislas de Lubicz-Milosz (Čareja, 1877 - Fontainebleau, 1939) :

Un descubrimiento.

NIHUMIM:


Quarante ans.
Je connais peu ma vie. Je ne l’ai jamais vue
S’éclairer dans les yeux d’un enfant né de moi.
Pourtant j’ai pénétré le secret de mon corps. O mon corps !
Toute la joie, toute l’angoisse des bêtes de la solitude
Est en toi, esprit de la terre, ô frère du rocher et de l’ortie.
Comme les blés et les nuages dans le vent,
Comme la pluie et les abeilles dans la lumière,
Quarante ans, quarante ans, mon corps, tu as nourri
De ton être secret le feu divin du Mouvement :
Tu ne passeras pas avant le mouvement de l’univers.
Que le son de ton nom inutile et obscur
Se perde avec le cri du dormeur dans la nuit ;
Rien ne saurait te séparer de ta mère la terre,
De ton ami le vent, de ton épouse la lumière.
Mon corps ! tant que deux cœurs séparés, égarés,
Se chercheront dans les vapeurs des cascades du matin,
Tant qu’un douzième appel de midi vibrera pour réjouir
La bête qui a soif et l’homme qui a faim ; tant que le loriot,
L’hôte des sources cachées, renversera sa pauvre tête
Pour chanter les louanges du Père des forêts ; tant qu’une touffe
De myrtil noir élèvera ses baies pour leur faire respirer
L’air de ce monde, quand l’eau de soleil est tombée,
O errante poussière ! ô mon corps ! tu vivras pour aimer et souffrir.
Quarante ans.
Pour apprendre à aimer la noblesse de l’Action. O action !
Quarante ans, quarante ans la vanité des solitaires
M’a tourmenté. Je demandais sa mort dans mes prières.
Elle a quitté mon cœur. O triomphe ! — ô tristesse...
Elle a emmené ma jeunesse,
Ma cruelle jeunesse, la seule femme aimée.
Mais qu’importe ! déjà, mes mains, déjà la pierre vous attire.
Mains aux veines gonflées, la fureur de bâtir
Vous saisit, vous possède déjà !
Quand le midi des forts sonnera sur la mer
Nous irons saluer les constructeurs de môles.
Debout dans le soleil, en face de la mer
Ils mangent lentement leur pauvre et noble pain
Et leur sage regard va plus loin que le mien.
Honneur à toi, honneur à toi qui es né dans les pleurs
Comme l’Amen, et qui mourras dans l’abandon au pied du temple de l’amour
Ou du palais d’orgueil, ouvrages de tes mains !
Bientôt, demain, mon frère, je pourrai te parler
Face à face, sans rougir, comme parlent les hommes, car
Moi aussi, moi aussi je ferai la maison
Large, puissante et calme comme une femme assise
Dans un cercle d’enfants sous le pommier en fleur.
J’ouvrirai les fenêtres de la joyeuse église
Toutes grandes aux anges du soleil et du vent.
J’y bénirai le pain de l’Affirmation,
De ce oui éternel qui est une saveur
De feu, de blé et d’eau à la bouche des purs ;
Et quand la laideur dira : non !
Et quand la femme et la mort crieront : non !
Frère, nous saluerons l’espace ivre de vie
Et le mot appris des Héros,
Le Oui universel montera à nos lèvres.
Quarante ans.
Pour apprendre à parler sans mépris de la femme. O Amour !
Quarante ans je vous ai cherché parmi les femmes
Mais ce n’est point parmi les femmes que je vous ai trouvé.
O Femme ! La pitié des pierres me saisit !
Mère ! Mère ! tu ne sais plus, tu ne sais pas encore qui tu es.
Toi, blanche renversée dans les fleurs ! si longtemps
Tu as dormi au plus obscur, au plus muet du beau jardin abandonné !
Et te voici debout dans ce temps de laideur rieuse,
Au milieu de ces fils qui ont perdu leur dieu et n’ont pas trouvé la nature.
O Mère ! Mère ! et cette belle épaule tombante de porteuse d’eau fraîche,
Et cet air rentré de servante réveillée avant l’heure.
Quelle sagesse et quelle connaissance, ô femme, dans la paume de tes mains !
Que je ne les puisse contempler sans qu’une colombe s’en échappe !
Et ta sainte blancheur apprivoise le cygne !
Lorsque l’époux mourra, tu suivras, tu mourras :
Non pas de la tristesse de la chair, mais de la joie
Profonde de l’esprit !
Pour te parler et être compris, ô Mère, il faut redevenir enfant.
Car que peux-tu comprendre à ce monde du Mouvement,
O belle, grave et pure colonne du foyer !
Mère ! les sources voilées du Mouvement sont en un lieu obscur et défendu
Dont le nom est Vallée de la Séparation. Là,
Les mondes et les cœurs soupirent l’un vers l’autre en vain.
Et tout ce que l’on touche est la distance et la durée
De la Séparation.
Qui cherche mal ne trouve rien nulle part.
Qui cherche bien ne trouve rien ici ;
Qui trouve ici se heurte ailleurs aux portes closes.
Car il est un pays où l’être unique est seul
En face de soi-même.
Là il s’aime
Et s’épouse
Et se crée.
Là, il se glorifie.
Et le lieu est nommé par ceux qui te ressemblent. Lieu
De la Conjonction,
De la Féminité Éternelle et de la Vie.
Quarante ans.
Pour apprendre à chercher la Cité. O Jérusalem !
Tu n’es pas un désert de pierres liées de chaux, de sable et d’eau
Comme les villes des hommes,
Mais, au sein du Réel, dans le silence de la tête,
Le planement muet de l’or intérieur.
Ma vie ! ma vie ! je sais que les six jours du monde
Sont là pour révéler ce que l’on doit connaître
Du septième, ennemi de tout étonnement.
Car dans la déchirure du nuage gardien
Arrêté sur Pathmos (le lieu universel
Contemplé par les yeux renversés de l’Amour)
J’ai vu dans un grand vent d’influx, l’ellipse du sabbat
Prendre feu et dorer ma naissance sans cri.
O mon frère ! ô mon corps ! ne crains pas. Je connais le chemin.
Entrons dans les profondes vapeurs de la Montagne
Qui prend son essor et s’élève
Avec le confiant qui la gravit,
Jusqu’à la nuée longue, jusqu’à la couleur-mère,
La blancheur bleue, l’annonciation de l’or.
L’aube paraît derrière nous !
Au-dessus de mon front se lève
Et fuit vers les contrées qui sont derrière nous
Le Soleil.
Le couchant est loin devant nous !
Maintenant, le profond, terrible et beau murmure
Des sages abeilles du pays
T’enseigne la langue oubliée (aux lourdes et tremblantes syllabes de miel sombre)
Des livres noyés de Yasher.

sábado, 30 de marzo de 2013

sábado, 23 de marzo de 2013

El sentido de la oración interior o Las incertidumbres de aquél que no sabía qué hacer con lo que ya había hecho:


Pacientemente, como un orfebre, había jugado a idear laberintos dentro de laberintos, infinitos dentro de infinitos. Era el juego de la desesperación, según decía. La ansiedad, tal vez, o la angustia por salir de un laberinto le acababa conduciendo -inexorablemente- a otro interior o en un plano inferior. La escasa lucidez le advertía que escapar de este último -huera esperanza y remota posibilidad- significaría entrar en el primero de nuevo, donde todo volvería a comenzar, cierto que con una experiencia previa, pero no menos cierto que con más cansado espíritu. El tiempo, siempre en marcha, marcha siempre hacia adelante. Ahora no era un juego o tal vez fuera un juego real. No se trataba de un laberinto imaginado, de una diablura de la razón. Era la misma razón desesperada la que se le hundía más y más cada vez que circunvolucionaba en pos de una salida digna a su vida. Y bien que lo sabía desde tiempo atrás. No había remedio. ¡Tal vez un milagro, una intervención divina, un desesperado gesto que rompiese los pasillos de la razón y lo transportase a la salida o lo hiciese escapar de su propio pasado, por él mismo tramado!

martes, 1 de enero de 2013

Libro de citas:


Contaba el ya viejito José María Arguedas en El zorro de arriba y el zorro de abajo, que encontrándose en Santiago se lamentaba de tener poca fuerza para hacer lo que verdaderamente quería. Y quería,  por ejemplo,  viajar a  Montevideo  entre otras cosas para saludar a  Onetti  -que tiembla armoniosamente en cada palabra-, y estrecharle la mano con que escribe.

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS: Los ríos profundos. Barcelona, Editorial Planeta-De Agostini, S.A., 1985:

“- Si lo hago bailar, y soplo su canto hacia la dirección de Chalhuanca, ¿llegaría hasta los oídos de mi padre? -pregunté al “Markask'a”.
”-¡Llega, hermano! Para él no hay distancia. Enantes subió al sol. Es mentira que en el sol florezca el pisonay. ¡Creencias de los indios! El sol es un astro candente, ¿no es cierto? ¿Qué flor puede haber? Pero el canto no se quema ni se hiela. ¡Un layk'a winku con púa de naranjo, bien encordelado! Tú le hablas primero en uno de sus ojos, le das tu encargo, le orientas el camino y después cuando está cantando soplas despacio hacia la dirección que quieres; y sigues dándole tu encargo. Y el zumbayllu canta al oído de quien te espera. ¡Haz la prueba ahora, al instante!” (Pág. 130)

“El “Markask'a” me llevó siempre a la alameda.
”Cantaban, como enseñadas, las calandrias, en las moreras. Ellas suelen posarse en las ramas más altas. Cantaban, también, balanceándose, en las cimas de los pocos sauces que se alternan con las moras. Los naturales llaman tuya a la calandria. Es vistosa, de pico fuerte; huye a lo alto de los árboles. En la cima de los más oscuros: el lúcumo, el lambra, el palto, especialmente en el lúcumo, que es recto y coronado de ramas que forman un círculo, la tuya canta; su pequeño cuerpo amarillo, de alas negras, se divisa contra el cielo y el color del árbol; vuela de una rama a otra más alta, o a otro árbol cercano para cantar. Cambia de tonadas. No sube a las regiones frías. Su canto transmite los secretos de los valles profundos. Los hombres del Perú, desde su origen, han compuesto música, oyéndola, viéndola cruzar el espacio, bajo las montañas y las nubes, que en ninguna otra región del mundo son tan extremadas. ¡Tuya, tuya! Mientras oía su canto, que es, seguramente, la materia de que estoy hecho, la difusa región de donde me arrancaron para lanzarme entre los hombres, vimos aparecer en la alameda a las dos niñas”. (Pág. 164)

domingo, 16 de diciembre de 2012

La nota única:


Mientras escribía sentía cómo le subía la desazón. Conocía a la destinataria. O, más bien, la conoció en otro tiempo, en otra vida ya. Conocía incluso su actual dirección. Pero ni sabría lo que tendría que escribirle ni cómo lo entendería ella ni siquiera si llegaría a leerlo. Una carta larga, después de tanto tiempo de ausencias reiteradas, era imposible. Una nota sería lo mejor. Su nota única. Sintió el vértigo en el estómago, en la garganta. Más tarde también en la nuca. Contemplar la posibilidad de girar la cabeza para descubrir que el camino andado habría desaparecido tras la última pisada, que nunca una huella había sido tan efímera. Decidió no volver la mirada, no recordar. Al fin y al cabo nunca compartieron nada. Ese era el asunto, que nunca habían compartido nada, sólo esta nota que ahora quería escribir y que ella debería leer. Musitó: “el tiempo”. El vértigo acabó por nublarle los ojos. Victoriosamente, surgió, como de la noche una leve luz, lo que siempre había querido decirle. Entonces escribió: “sucede”.

Libro de citas: Juan Carlos Onetti, "Cuando ya no importe". Santillana, S.A. (Alfaguara), Madrid, 1993:

Del trágico, vulgar, maravilloso y sabio Onetti unas frases de su última novela (prepárese a ser corneado):

(Pág. 11) "Hace una quincena o un mes que mi mujer de ahora eligió vivir en otro país. No hubo reproches ni quejas. Ella es dueña de su estómago y de su vagina. Cómo no comprenderla si ambos compartimos, casi exclusivamente, el hambre."

(Pág. 35) "Y ahí estábamos, cuatro hombres, impotentes, escuchando el dolor, humillados también porque sentíamos que tras las paredes estaba creciendo un misterio, el primero de la vida, que brotaría manchado de sangre y mierda, para irse acercando, tal vez durante años, al otro misterio, el final. Y nosotros no éramos más que hombres y nuestra pobre colaboración sólo había sido una corta y enorme felicidad olvidada, perdida en el tiempo."

(Pág. 115) "...declaro que estoy libre de pasado..."

(Pág. 182) "Iba sabiendo, descubriendo con maravilla que siempre, desde un pasado tan lejano que nunca existió, te estuve queriendo y esperando antes de que tú nacieras. Que durante toda mi vida mi amor por ti palpitaba escondido, debajo de alegrías y penas."

domingo, 16 de septiembre de 2012

Libro de citas: José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas. Cap. V: “Un dato estadístico”. Alianza Editorial, Madrid, pág. 66. Primera edición de 1929:


¿Quién puede negar que Ortega esté en la base del existencialismo sartriano?

Este ensayo quisiera vislumbrar el diagnóstico de nuestro tiempo, de nuestra vida actual. Va enunciada la primera parte de él, que puede resumirse así: nuestra vida, nuestro repertorio de posibilidades, es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Mas por lo mismo que su formato es mayor, ha desbordado todos los cauces, principios, normas e ideales legados por la tradición. Es más vida que todas las vidas, y por lo mismo más problemática. No puede orientarse en el pretérito. Tiene que inventar su propio destino.
Pero ahora hay que completar el diagnóstico. La vida, que es, ante todo, lo que podemos ser, vida posible, es también, y por lo mismo, decidir entre las posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstacia -las posibilidades- es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. Ello constituye lo que llamamos el mundo. La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse, desde luego, en un mundo determinado e incanjeable: en este de ahora. Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Pero esta fatalidad vital no se parece a la mecánica. No somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo -el mundo es siempre éste, éste de ahora- consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias y, consecuentemente, nos fuerza... a elegir. ¡Sorprendente condición la de nuestra vida! Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir”.