domingo, 13 de julio de 2008

Cinco aforismos para una política de izquierdas

1
Ya no sirven los clichés políticos: la izquierda defiende un intervencionismo económico y un liberalismo político y cultural; la derecha defiende un intervencionismo político y cultural y un liberalismo económico. Esto es así porque la necesidad del intervencionismo económico y del liberalismo cultural se ha hecho evidente incluso para la derecha y el intervencionismo político se ha hecho evidente para la izquierda:
1º: Intervencionismo económico, porque ni siquiera considerando el gobierno como un órgano exclusivamente gestor, la economía nacional e internacional en manos de empresas transnacionales, sin bocado ni freno alguno, cabalgaría, como a veces las vemos cabalgar, como dicen los historiadores que cabalgaba el caballo de Atila.
2º: Liberalismo cultural, porque cultura puede serlo todo y nada, todos y nadie. La cultura y el arte hoy día no son otra cosa que un producto de consumo y allá cada cual con lo que compra o vende. Personalmente aconsejo seguir las recomendaciones de los críticos, pero que el santo Pedro bendiga como le plazca lo que le plazca.
3º: Intervencionismo político, porque es necesario ir recuperando el perdido y original sentido de la política, el espacio creado por los iguales entre sí. Sólo apostando por él fuertemente, este puede abrirse, originarse. Su existencia no es natural ni espontánea, es un artificio extraordinario y maravilloso, específicamente humano. Esto último, no porque lo logren todos los grupos humanos, sino porque únicamente los grupos humanos lo pueden lograr: logro difícil, raro, escaso, pero logro feliz. Preocuparse por la creación de la política evitaría el desarrollo de los dos grandes problemas de las democracias actuales:
1º: La falta de ideas de los partidos de izquierda y de derecha en torno a problemas tales como mantener el estado de bienestar disminuyendo y eliminando la fractura entre ricos y pobres, y
2º: El desinterés creciente de los ciudadanos por la política, su indiferencia y su versión más extrema, el cinismo.

2
- Presupuesto inicial de toda política: igualdad de todos.
- Objetivos de todo intervencionismo político:
- Solidaridad y pluralismo político, social y cultural.
- Responsabilidad individual.
- Austeridad.
- Civismo.
- Resultado final: Aumento global del estado de bienestar social y cívico.

3
El subsuelo de la política es la moral cívica (fundamentada en la igualdad de derechos y deberes). Si ésta falla, aquélla no puede subsistir; si ésta no existe, aquélla no llega a nacer.
La única ventaja con que contamos es que los seres humanos no podemos ser amorales (aunque ocasionalmente podamos amoralizarnos, desmoralizarnos). El inconveniente es que las morales son tan diversas como diversos somos los seres humanos.
Lograr la igualdad fundacional es la primera de las virtudes. Este logro requiere como paso previo el “esfuerzo” y su consecuente “valor”.
El esfuerzo inicial y su resultado, el valor, pueden verse frenados, incluso contradichos. Esto es terrible y esto puede acaecerle a cualquier ser humano y a cualquier sociedad. Es el peor de los desenlaces: el descubrimiento del mal en uno mismo y sentir que se puede seguir viviendo felizmente. Es una eufórica felicidad aparente resultado del vértigo que sentimos al reconocernos injustos, mejores, insolidarios, irresponsables, desmedidos, egoístas.

4
La mejor forma de vivir es aquella que se preocupa por los que viven peor.
Este es un maravilloso principio moral. Pero, entonces, ¿por qué no lo cumplimos? Tal vez porque hemos sido invitados a vivir bien sin preocuparnos de lo que ocurre a nuestro alrededor. Y hemos descubierto que es posible vivir así y vivir felizmente. En definitiva, hemos descubierto nuestra propia maldad, en forma de indiferencia.
Soy malo, y aunque sé que esto debería importarme y molestarme, lo cierto es que no lo hace. Soy malo, lo sé, no me importa y sigo viviendo y sintiéndome feliz. ¿Hay algo más terrible? No. ¿Más miserable? Sí. Seguir así con la excusa de pensar que los tratados indignamente harían lo mismo de trocar su situación por la nuestra.

5
Servir al Otro para beneficiar a la postre al propio Yo. Esta es la tesis básica de nuestra tradición, al menos en teoría. En la práctica esta tesis tiene demasiados enemigos para salir adelante.
El liberalismo es el espejo en el que hemos descubierto nuestro verdadero y oculto rostro: la indiferencia frente al mal ajeno. Ir contra ella, pasa por renunciar a muchas comodidades, a muchos logros, incluso, a veces, renunciar a la propia salud y a la propia vida. Esto requiere esfuerzos que hay que cultivar y alimentar durante años y generaciones. Este es el dogma oculto de nuestra tradición bipolar, que también tiene otro dogma siniestro y hoy día patente.

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